EL MAGACÍN DE SM

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A FONDO

Prácticas restaurativas, de la justicia al aula

La justicia restaurativa es una forma de responder a los crímenes mediante la comunicación directa entre infractor y víctima con el objetivo de que discutan sus visiones de lo sucedido, vean quién y cómo ha resultado perjudicado y lleguen a un acuerdo sobre cómo reparar los daños causados. Las medidas de reparación pueden ser compensaciones materiales o inmateriales, por ejemplo en forma de disculpas. Otros miembros de la comunidad pueden también participar en el proceso, que tiene como finalidad no solo la resolución satisfactoria del conflicto creado sino también la eliminación de sus causas para evitar su persistencia o repetición. 

Àngels Grado, presidenta de la asociación para la convivencia positiva en la escuela Convives, resume en seis puntos los principios y efectos que definen la justicia y las prácticas restaurativas: 

  1. Promueven la participación y el compromiso de las personas implicadas.
  2. Consideran que, antes de introducir cualquier cambio, es necesario restaurar las relaciones.
  3. Facilitan que quien ha contribuido al conflicto se responsabilice.
  4. Ayudan a los afectados a expresar sus sentimientos y necesidades.
  5. Promueven la reparación de daños.
  6. Crean vínculos, crean comunidad.

Grado destaca que las prácticas restaurativas no tienen carácter meramente reactivo, sino también preventivo y proactivo: reactivo tras un delito o situación de violencia; preventivo porque minimizan conductas y factores que puedan propiciar delitos o situaciones de violencia; y proactivo porque sirven para crear una nueva forma de convivir.

La prevención es la base

El enfoque restaurativo en contextos escolares se aplica con éxito desde los años noventa en diversos países; en España, Baleares ha sido una de las comunidades pioneras en su adopción. Vicenç Rul·lan, asesor del Institut per a la Convivència del gobierno balear, usa tres formas geométricas —triángulo, cuadrado y círculo— para explicar el enfoque restaurativo en el ámbito escolar. El triángulo representa la pirámide de la prevención como forma de entender la convivencia en una comunidad. Consta de tres tramos. El primer tramo (de color verde) se refiere a la prevención primaria. Tiene como objetivo crear las condiciones para que se dé una buena convivencia. El segundo tramo (de color amarillo) se refiere a la resolución dialogada de los pequeños conflictos del día a día. El tercer tramo (de color rojo) se refiere a los conflictos de mayor entidad, que también pueden tener una respuesta restaurativa.

En lugar de con este triángulo en el que la mayor parte del área la ocupa la prevención, la actuación de muchos centros se representa mejor con un triángulo en el que la parte roja ocupa el espacio más grande. En el tramo verde (prevención) apena hay intervenciones. En el amarillo, los pequeños conflictos los resuelven los adultos, de forma rápida. El tramo rojo suele constar de sanciones para conductas contrarias a las normas de convivencia. Según Rul·lan, «es una visión ‘apaga-fuegos’, que no valora la prevención ni el potencial educativo del conflicto»

El cuadrado muestra cómo podemos actuar en cuanto a nuestra relación con los demás: para la gente (dando apoyo, pero sin pedir que el otro haga nada; a la gente (diciendo al otro qué tiene que hacer, sin darle apoyo; sin la gente (no implicándonos ni pidiendo ningún resultado); y con la gente (haciendo un trabajo conjunto: dialogando y esperando que el otro haga su parte).

Círculos de confianza

«El círculo es la estructura básica de las prácticas restaurativas, cuyo origen remoto se puede encontrar en las reuniones alrededor del fuego, para compartir historias, reír o tomar decisiones juntos», resume Rul·lan. El círculo es la forma en la que se sitúan los participantes, de forma que todos se ven las caras. Hay un facilitador que formula las preguntas o temas y regula el funcionamiento; un objeto marca quién tiene la palabra y los demás escuchan y esperan su turno; el objeto va circulando por orden y se da a todos la oportunidad de hablar. Para Rul·lan, el círculo; «reúne al grupo y ayuda a tratar temas juntos, fomentando una participación responsable»; «ayuda a cohesionar el grupo»; «facilita la participación de todos»; «fomenta la implicación del alumnado»; y «puede servir para distender el ambiente».

Círculos para llevar al aula

Vicenç Rul·lan explica que se pueden hacer diversos tipos de círculos según su duración o sus motivos. Por ejemplo, al empezar la jornada se puede preguntar sobre la comida favorita para conectar con el grupo o al acabar una actividad o período sobre algo que se ha aprendido o algo que nos ha gustado. Como círculos más largos apunta: los que sirven para hablar sobre emociones o valores; los de amigos, en grupo reducido, para apoyar a una persona aislada; sobre materias que se han estudiado en la clase; sobre conflictos del grupo, aconsejables para cuando ya tienen rodaje con la dinámica; o para evaluar al grupo o el trimestre.

Por su parte, la profesora y formadora de profesores Marisa Escuer explica de qué forma usa la práctica del círculo de diálogo como una de sus actividades de educación en la resolución de conflictos: «es una práctica muy interesante en la que un grupo, como máximo —y yo ya lo considero demasiado— de 10 alumnos se colocan en círculo, pero hablan, uno detrás del otro, proponiendo un tema; por ejemplo tú comienzas y preguntas qué es lo que más te ha gustado del verano, para que vayan adquiriendo un poco de confianza, para que, en un momento determinado, tú puedas decir qué cosa cambiarías para que tu clase mejorara o para mejorar tú; entonces, allí, en ese círculo pequeñito, que ellos han de hablar por orden, porque hay una estructura y una manera de organización que se ha de respetar, es decir, yo puedo renunciar una vez a hablar en el círculo, pero no puedo estar continuamente pasando, la segunda vez obligatoriamente he de decir algo y no puedo saltar, decir ahora hablo yo y pisar al otro, existen una normas; entonces, en aquel círculo, en un momento determinado, puedo verbalizar, porque ya han adquirido confianza, qué es lo me hace sentir bien, o qué es lo que me hace sentir mal, o qué cambiaría; pueden ser pequeñas cosas que tú no ves, pero que, sin embargo, a este chico o a esta chica le pueden hacer que se sientan mucho mejor en el grupo». Escuer cita también como muy interesante el círculo que reproduce el juego del teléfono, que sirve para «tratar cómo se deteriora el mensaje».

Más allá del aula

Según Àngels Grado, el enfoque restaurativo en la educación «requiere ‘desaprender lo aprendido’ en relación con la disciplina, a la vez que asumir y aplicar valores como el respeto mutuo, empoderamiento, colaboración, valoración del otro, apertura, confianza y tolerancia». Al hacerlo, «se originarán procesos de enseñanza y aprendizaje más activos, el desarrollo de competencias socioemocionales, la mayor participación del alumnado, más confianza y seguridad en la gestión de conflictos y la implicación de toda la comunidad en la mejora de la convivencia en la escuela y más allá de ella». 
También para Rul·lan hay que abrir el enfoque más allá del aula. «El reto de las prácticas restaurativas es constituir zonas restaurativas de las que no solo participen los docentes, sino también las familias, así como los diferentes recursos del entorno, a fin de que la filosofía y la práctica restaurativa vaya permeando el día a día de los niños y jóvenes, como una forma natural de relacionarnos, tomar decisiones juntos y gestionar los conflictos», subraya.